¿Somos personas cultas? - Compendio sobre la Cultura

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Quiero responder las preguntas:

¿Qué es cultura? ¿Qué abarca? ¿A quiénes está dirigido, quiénes pueden hacer uso de ella? ¿Quiénes son cultos?

Luego podré sacar conclusiones y contestar una pregunta final: ¿Los hombres cultos son superiores a los incultos?
Mientras no se entienda estas preguntas y no se contesten, toda afirmación será prejuicio.

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Remontándonos a los orígenes de la palabra, «cultura», debemos entenderla como: «colere» que significa: cultivo. Así se emplea en cuestiones como: agricultura, apicultura, etcétera. Éste es su significado directo: cultura: cultivo: cuidado y mantenimiento de una cosa para que ésta sea fructífera.

Este vocablo ha sido empleado, por vez primera, desde un sentido subjetivo, por Marco Tulio Cicerón. En su obra «Disputaciones Tusculanas» ha escrito: “Cultura animi philosophia est”, que significa: La filosofía es el cultivo del alma. Cicerón ya está extendiendo el uso del vocablo «colere» al aspecto intelectual y espiritual; por lo tanto, para el gran orador y filósofo romano, la cultura será el estudio de la filosofía, y todo filósofo será un hombre culto.

Los romanos extenderían la idea de cultura subjetiva, aparte de la filosofía, a la política, la retórica, la literatura y demás artes y a la religión. Un verdadero hombre culto, en la Roma antigua, debía tener conocimientos de literatura griega y romana «que en aquella época se consideraba imprescindible para cualquier romano que se preciara de culto» (Hans Opperman, “Julio César”, I); debía, además, desempeñarse como orador y político, ser entendido en ciencias y rendir culto a las deidades. Al igual que Cicerón, los romanos de entonces, entendían la cultura como el único medio para lograr la condición humana (el «humanitas»).

En la Edad Media (476-1453), se conservaría el uso subjetivo de la palabra cultura, aunque se entendería enfocada a un aspecto religioso. Culto era el hombre que estudiaba el trívium (gramática, lógica y retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Éstas –conocidas como artes liberales– se estudiaban para prepararse en el entendimiento profundo de las Sagradas Escrituras y para alabar a Dios. Así, cultos eran aquellos que comulgaban con la fe y la religión (culto divino).

En el Renacimiento (siglos XV y XVI), filósofos como Juan Luis Vives retoman el sentido clásico de cultura, tal como lo entendía Cicerón: cultivo del alma. El vocablo (siempre en sentido subjetivo) será ampliado para denotar el desarrollo intelectual y espiritual del ser humano (filosofía, ciencias, artes). Francis Bacon la entendería como parte de la ética, al ser una técnica para lograr la felicidad: La cultura es «aquella que busca los medios para someter la voluntad del hombre a las prescripciones morales, haciéndolo, así, feliz» (Francis Bacon, “Del avance de las ciencias”).

En el Barroco (siglo XVII), Samuel Baron von Puffendorf diferenciaría entre “cultura animae” (los conocimientos o las actividades que nos permiten superar la naturaleza y dominarnos a nosotros mismos) y “cultura vitae” (cuidado del ser humano, individual y social). La cultura, pues, es todo aquello que se aleja de la naturaleza, del estado silvestre o bárbaro, es lo que nos separa, cada vez más, del estado animal. Así se abre el camino a un nuevo sentido de la palabra cultura, entendida como contraria a la naturaleza: sentido objetivo.

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La definición de cultura se hace cada vez más compleja con la intervención de la sociología y la antropología, ya no será limitado su entendimiento a un sentido sólo subjetivo.

En la Ilustración (siglo XVIII), se profundizaría más en la diferencia entre cultura y naturaleza. Jean Jacques Rousseau entiende la cultura como un fenómeno que distingue a humanos y animales. Para Johann Christoph Adelung la cultura es «la transición de un estado más sensorial y animal a las interrelaciones más estrechas de la vida social», agrega: «La cultura consiste en la suma de los conceptos claros, y en la suavización y refinamientos del cuerpo y de las costumbres».

Johann Gotfried Herder diferencia entre cultura subjetiva (el despertar de la parte espiritual del hombre: deja de ser inculto y se hace culto), cultura en sentido antropológico (se refiere a un pueblo o grupo humano; se trata del florecimiento de los pueblos) y cultura objetiva (con el fin de lograr el desarrollo conjunto de la humanidad).

Con el Romanticismo (siglo XIX) se alcanza la revalorización de los pueblos. Recordemos que en 1846, William Jhon Thoms crea el término «folklore» con el fin de revalorar y estudiar los saberes y conocimientos de un pueblo. Se diferencia entre civilización y cultura.

Edward B. Tylor propone una de las definiciones más aceptadas:

Cultura es «…aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre. La situación de la cultura en las diversas sociedades de la especie humana, en la medida en que puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el estudio de las leyes del pensamiento y la acción del hombre».

En los siglos XX y XXI las definiciones son tan variadas como múltiples, así, Kroeber y Kluckhohn (1952) recogen 161 definiciones para la palabra cultura.

La antropología la entenderá como todos los fenómenos humanos fuera de la genética. En el siglo XX, antropólogos americanos usan estas definiciones:
1. La cultura es la capacidad humana de clasificar y representar todas sus experiencias utilizando símbolos, y de actuar de manera creativa e imaginativa.
2. Cultura se entiende también como las distintas maneras en que la gente vive en cualquier parte del mundo.

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Antes de aventurarnos a opinar respecto a la cultura (sabemos que hay muchísimos significados, acepciones y definiciones) debemos considerar también estos significados (David Sobrevilla, “Introducción a la filosofía de la cultura”):

• Cultura “culta”, “oficial”, “académica” o “hegemónica”: Se refiere (en sentido objetivo) al grupo dominante de una determinada sociedad. Una clase social predominante que posee un arte culto, una religión oficial y una medicina académica.
• Cultura popular: En sentido objetivo, se refiere a los sectores marginales de la sociedad. Es opuesta a la cultura “culta”. Posee un arte popular, una religiosidad y una medicina popular.

Y también:

• Cultura de élites: Se entiende en sentido objetivo. Es propia de las elites intelectual, política, económica, militar, tecnológica, eclesiástica, etcétera.
• Cultura de masas: Entendido en sentido objetivo, engloba a la cultura de consumo de los grandes sectores de la población. Está ligada a los medios de comunicación: radio, televisión, prensa, etcétera.

Edward Shils, entiende la cultura dividida en tres niveles y los define así:

• Cultura superior o refinada: «…se diferencia por la seriedad del tema, es decir por el centralismo de los problemas de que se ocupa, la penetración aguda y la coherencia de sus percepciones, la sutileza y abundancia de los sentimientos expresados…»
• Cultura mediocre: «…incluye obras que, prescindiendo de las aspiraciones de sus creadores, no satisfacen los criterios empleados para juzgar las obras de la cultura superior. La cultura mediocre es menos original que la cultura superior. Es más imitativa…»
• Cultura brutal: «En el tercer nivel encontramos la cultura brutal, cuya elaboración simbólica es mucho más elemental… La profundidad de penetración es casi siempre desdeñable, la sutileza falta casi por completo y una característica común la constituye una tosquedad general en la sensibilidad y la percepción.»

Para finalizar citaré el fragmento de un texto de Augusto Salazar Bondy donde menciona las diferencias entre cultura, subcultura y contracultura:

«Dentro del universo de una sociedad global o de su cultura, las subculturas corresponden a grupos humanos diferenciados (clases, etnias, sectores de bajos ingresos, etc.). La idea de subcultura se formula como contra-cultura cuando se destaca como característica de una determinada subcultura la recusación de los valores y el sistema de la sociedad global, de la cultura “culta” que corresponde a la conciencia y los intereses de los grupos dominantes.» (“Notas sobre el concepto de cultura”; Lima, 23 de junio de 1972.)

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A manera de resumen:

«A lo largo de la historia, la noción de cultura ha tenido distintos significados y matices. Durante muchos siglos fue un concepto inseparable de la religión y del conocimiento teológico, en Grecia estuvo marcado por la filosofía y en Roma por el Derecho, en tanto que en el Renacimiento lo impregnaban sobre todo la literatura y las artes. En épocas más recientes como la Ilustración fueron la ciencia y los grandes descubrimientos científicos los que dieron el sesgo principal a la idea de cultura. Pero, a pesar de esas variantes y hasta nuestra época, cultura siempre significó una suma de factores y disciplinas que, según un amplio consenso social, la constituían y ella implicaba: la reivindicación de un patrimonio de ideas, valores y obras de arte, de unos conocimientos históricos, religiosos, filosóficos y científicos en constante evolución y el fomento de la exploración de nuevas formas artísticas y literarias y de la investigación en todos los campos del saber. […] La noción de cultura se ha extendido tanto que, aunque nadie se atreva a reconocerlo de forma explícita, se ha esfumado, porque ya nadie es culto si todos quieren serlo o si el contenido de lo que llamamos cultura ha sido depravado de tal modo que todos puedan justificar que lo son.» (Mario Vargas Llosa, “Breve discurso sobre la cultura”, Granada, junio del 2009.)

«Por cultura generalmente se entiende el resultado o el efecto de haber cultivado los conocimientos humanos y haberlos desarrollado, afinado y perfeccionado, mediante el ejercicio de las facultades intelectuales y artísticas. Este término es de origen latino, significa cultivo, labranza, laboreo. Lo contrario de un campo cultivado, es un campo eriazo o erial, así como lo contrario de un hombre culto y cultivado, es un hombre inculto o ignorante. Este último es el sentido figurado, el otro es el sentido recto. El primer usuario de este sentido figurado fue Marco Tulio Cicerón, el célebre orador, estadista y pensador romano. En sus “Disputaciones Tusculanas”, usa este sentido metafórico del vocablo “cultura”. Dice Cicerón: “Cultura animi philosophia est” (la filosofía es el cultivo del espíritu). […] La cultura desde el punto de vista de la antropología, es un concepto omnímodo. El concepto antropológico de cultura es amplísimo, abarca prácticamente todas las formas del vivir social. En el “Diccionario de Antropología” de Charles Winick, en el artículo correspondiente a cultura, se dice que cultura es todo lo socialmente transmitido: los usos, las costumbres, los oficios, la vida doméstica, la vida social, el arte, la ciencia, la religión. En una palabra, cultura es equivalente a artificialeza. No hay una sola definición de cultura, sino muchísimas. Los antropólogos Kluckhohn y Kroeber han reunido y analizado 161 definiciones antropológicas de cultura, todas ellas, a su modo, útiles, todas ellas atendibles y defendibles. Los autores las clasifican en descriptivas, históricas, psicológicas, normativas y genéticas.» (Marco Aurelio Denegri, en su programa “La función de la palabra”, 2010.)

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Entonces: “Cultura” debe entenderse de distintas maneras, sobre todo de dos:

1. Cultura, en sentido directo: Se refiere al cuidado, cultivo o mantenimiento de una cosa (terreno “cultivable”).

2. Cultura, en sentido figurado: En un sentido figurado o metafórico, se emplea de manera subjetiva y objetiva:

2.1. Cultura en sentido subjetivo: El desarrollo o cultivo de un individuo o de sus facultades y capacidades intelectuales, espirituales, corporales que lo hacen una persona culta (cultivar nuestro intelecto, nuestro espíritu…).
2.2. Cultura en sentido objetivo: Se refiere a todo aquello que no es naturaleza, que es hecho por el hombre, ya sea material o inmaterial: construcciones, costumbres, tradiciones, folklore, normas, valores.
Podemos enfocar esta cultura objetiva a dos aspectos:

2.2.1. Aspecto histórico: Se refiere a la cultura de un determinado periodo de la Historia o de alguna época en particular. Por ejemplo: la cultura en el Medioevo, la cultura en el Virreinato, la cultura en el Renacimiento.

2.2.2. Aspecto antropológico: Se refiere a la cultura de un determinado pueblo o de un grupo humano. Por ejemplo: cultura inca, cultura maya, cultura egipcia, cultura griega.

La cultura en sentido objetivo agrupa otros aspectos (en oposición) que también debemos mencionar:

2.2.3. Cultura “culta” o “académica”, en contra de una cultura popular.
2.2.4. Cultura de élites, en contra de una cultura de masas.

Y también distingue niveles culturales:

2.2.5. Cultura superior, cultura mediocre y cultura vulgar o brutal.
2.2.6. Cultura oficial o hegemónica, subcultura y contracultura.

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Luego de –escuetamente– haber seguido el proceso evolutivo de la palabra “cultura” y de considerar sus distintos significados que, como sabemos, son muchísimos (161 definiciones recopiladas sólo por dos antropólogos), puedo intentar aventurarme a responder las preguntas que han motivado todo este escrito:

¿Qué es cultura? ¿Qué abarca? ¿A quiénes está dirigido la cultura, quiénes pueden hacer uso de ella? ¿Quiénes son cultos? Y finalmente: ¿Los hombres cultos son superiores a los incultos?

1. ¿Qué es cultura?

En sentido directo, es el cultivo o cuidado, la labranza o el laboreo. En sentido figurado, es el cultivo o desarrollo de un ser humano o de sus facultades o capacidades intelectuales, espirituales y corporales, que lo hace una persona culta, cultivada (sentido subjetivo); también puede referirse a todo aquello (material o inmaterial) que es creado por el hombre, sus tradiciones, valores, costumbres, normas, o sea: todo aquello que no es naturaleza (sentido objetivo).

2. ¿Qué abarca la cultura?

En un sentido figurado y subjetivo, abarca los conocimientos científicos, artísticos, filosóficos, deportivos, religiosos, éticos; en suma todo aquello que contribuye a un mejoramiento de nuestro intelecto (conciencia y juicio crítico), nuestra psicología (bienestar espiritual o mental) y nuestro cuerpo (salud y belleza física).

En un sentido figurado y objetivo, «abarca prácticamente todas las formas del vivir social» (Marco Aurelio Denegri), todo aquello que es artificialeza, abarca los aspectos materiales e inmateriales del ser humano, entendiéndose esto, también, como un estilo o modo de vida.

Ya que es vasta e inmensa la totalidad que abarca la cultura en sentido objetivo (prácticamente todo lo que ha hecho el hombre en contraposición a la naturaleza o basándose en ella), puede limitarse a un grupo de personas en particular, a un determinado pueblo (cultura griega, cultura inca,…), o puede limitarse a un tiempo, a una época de la Historia (la cultura de la Edad Media, por ejemplo); y también a una clase o estrato social (cultura “académica, cultura popular,…).

3. ¿A quiénes está dirigido la cultura, quiénes pueden hacer uso de ella?

Siempre distinguiendo los conceptos y sentidos de la palabra “cultura”, ésta, en sentido figurado y subjetivo, puede ser empleada por cualquier persona, aunque dependiendo de su entorno social, la época en la que vive, su credo, sus limitaciones dogmáticas o creencias, su programación cultural. Así, las mujeres musulmanas no pueden ejercitar facultades vetadas y prohibidas por su religión islámica; de la misma manera que, en la Edad de Bronce, las mujeres griegas y los griegos discapacitados, enfermos y los niños y esclavos, no podían aspirar a los dotes que, por entonces, eran considerados determinantes para alcanzar el honor y la gloria.

Cada época y cada grupo humano, entiende la finalidad del desarrollo de las capacidades físicas y mentales, de modo distinto. Para los guerreros de la antigua Grecia, era primordial el desarrollo de su fuerza y velocidad física y su valentía para alcanzar el ideal homérico de virtud (“areté”); para los filósofos de la Grecia clásica, más importante era desarrollar el conocimiento, las facultades mentales; sólo el intelecto y el razonamiento (filosofía) podían llevar al hombre a la dicha plena (“eudaemonia”). Ya en los siglos XVI, XVII y XVIII, los hombres irían adquiriendo una visión cada vez más amplia del cultivo del ser humano y sus facultades: el conocimiento, el ejercicio, las virtudes, las costumbres, los hábitos, la tecnología que hacían que un individuo sea más humano y menos animal. Así, el hombre refinado, era el hombre culto.

En un sentido figurado y objetivo, son los miembros de un grupo humano quienes hacen uso de su cultura (sus costumbres, códigos, tradiciones,…), su forma de vida, su estilo de convivencia, ello determina la cultura de la que todos son parte. La acumulación y valorización de la riqueza propia de la cultura de un determinado pueblo, se convierte, con el paso del tiempo, en su folklore.

Algunas esferas o estratos sociales, sin importar que haya una relación cercana entre sus miembros, han desarrollado voluntariamente un tipo de cultura (o se han sumado a ella), respecto a sus medios y posibilidades. Un individuo que ha nacido siendo parte de una cultura popular o de una vulgar, puede integrarse a un “nivel más alto” de cultura; para ello se ejercitará en el conocimiento de disciplinas académicas, géneros artísticos, conocimientos científicos, estilos de vida, todos ajenos a él, pero que, resultado de un continuo ejercicio, terminarán siendo parte de su cultura o, de otra manera, harán que tal individuo sea parte de esa nueva cultura. Otros individuos se alejarán o serán separados de su entorno cultural innato (por fenómenos como la migración), y, en ambientes y contextos sociales nuevos, crearán su propia cultura basada en la que fue su anterior. Un ejemplo es el sucedido en el Perú, a mediados del siglo XX (la década del 50 y, posteriormente, a finales de los 80), cuando inmigrantes de las zonas andinas y de otros sectores arribaron a la capital peruana en busca de mejores destinos. Al no poder ser parte de la sociedad limeña, y al verse alejados de sus raíces, desarrollaron una nueva cultura, la denominada cultura “chicha”.

Todos hacemos uso de la cultura, porque todos pertenecemos a una determinada cultura.

4. ¿Quiénes son cultos?

En el siglo XVIII se consideraba inculto a los energúmenos, a los salvajes que vivían como animales silvestres. Actualmente, en un sentido figurado y objetivo, es absurdo pensar en hombres incultos: ya se ha expuesto que todos somos parte de una determinada cultura (incluso los hombres de las cavernas lo fueron). Entonces, la denominación «hombre culto», debe ser entendida, casi exclusivamente, desde un sentido figurado y subjetivo.

Así, culto será aquel que ha cultivado los conocimientos humanos y que se ha ejercitado intelectualmente. Lo es también aquél que cultiva las letras, las ciencias y las artes. La RAE usa esta definición: «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico».

Puede llamarse culto, también aquél que ha alcanzado una excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades.

Lo defino así: Persona culta es aquella que, gracias al ejercicio continuo de su intelecto y de otras facultades, a la exigencia y al rigor disciplinario, a la adquisición de conocimientos y a la continua reflexión, ha alcanzado un juicio crítico y una conciencia crítica, así como una excelencia en su capacidad de apreciación, tanto intelectual como estética.

Pseudo-culto será aquél que, para empezar, se considera culto así mismo, se conforma con los pocos conocimientos adquiridos (para él serán muchos y valiosos), y rechaza y menosprecia las expresiones culturales de otros. La conciencia crítica valora y respeta tendencias contraculturales, subculturales y seudoculturales; un hombre que la ha alcanzado es consciente de su ignorancia, no como estado inferior, sino como hecho inherente a la existencia. Sabe que todos somos irremediablemente ignorantes. Aunque hay ciertos conocimientos que no debemos ignorar, el hombre culto no menosprecia al que no los posee, pues su necesidad es comprender y lograr esos conocimientos, y no el poder por sobre los demás.

5. ¿Los hombres cultos son superiores a los incultos?

La contestación debe ser aquí más cuidadosa: hay que separar concienzudamente el sentido figurado-subjetivo del figurado-objetivo. Ya expuse antes que, cuando se trata de la dicotomía: culto e inculto, no se hace referencia al sentido objetivo, sino, casi exclusivamente, al subjetivo. No hay alusión a la condición social, económica o cultural (sentido figurado-objetivo) de una persona, pues nos referimos a su preparación y a su educación. Un hombre, o una mujer, humildes, de bajos recursos, en medio de un estrato social pobre y vulgar, pueden llegar a ser potencialmente cultos. Mas no se puede negar que las posibilidades son menores, por la falta de oportunidades, recursos y por el condicionamiento social al que son sometidos.

Distingamos pues entre dos tipos de niveles culturales:

• Nivel cultural-social: En sentido objetivo, se refiere a la clase social a la que pertenece una persona, o al estrato o grupo cultural, el cual estará influenciado por factores económicos, políticos, y demás. Las culturas elitistas, las clases sociales altas pueden considerarse superiores a la clase media o baja, a la cultura vulgar o a la subcultura, pero sólo por cuestiones económicas; es segregación y discriminación que aquéllas se consideren superiores a éstas por prejuicios o estereotipos raciales, ideológicos, religiosos, históricos.
• Nivel cultural-intelectual: En este apartado importa la preparación de los individuos, más allá de la condición social a la que pertenezcan. Aquí sí se puede considerar a un hombre como inculto, pues la definición se basa en el sentido subjetivo. Más que de factores económicos, el aspecto de la preparación cultural del individuo depende de la educación de sus padres y de su auto exigencia. Erróneo será creer que los miembros de las clases sociales altas, supuestamente cultas, están más preparados que los de las clases sociales bajas.

La pregunta entonces puede responderse sólo dentro de la definición del nivel cultural-intelectual: El hombre culto sí es superior al inculto, porque éste no desarrolla capacidades y facultades que aquél sí. El primero ha logrado una conciencia crítica, un juicio propio y un nivel humano mayor; el segundo, al convivir con el desdén y la indiferencia a los saberes, al estudio, al esfuerzo, al rigor disciplinario, a la auto exigencia y a las ganas de superación (intelectual y humano, no económico o social), no puede superar su situación ignominiosa (ni entiende para qué tendría que hacerlo, más aún: ni reconoce que vive en una ignominia), hace de la suya una existencia inauténtica (vive en «estado de interpretado» como expone Martín Heidegger), ávido de novedades burdas, de distracciones; su idea de superación es casi siempre económica y social (fama), material; le es difícil entender el valor de las artes, de la filosofía, de la ciencia, disciplinas que le son tediosas y aburridas; se desentiende también de los problemas ecológicos y mundiales al no considerarlos problemas suyos; así, cae en un egocentrismo que lo aleja, casi irremediablemente, de la Ética y de la diligencia al prójimo; predomina en él la propia conveniencia, y el facilismo, el inmediatismo, el fragmentalismo y el superficialismo.

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Conclusiones:


1. Hay confusión al momento de utilizar los sentidos en que se define la palabra cultura, cuando las personas no distinguen entre su sentido figurado-subjetivo y figurado-objetivo; prácticamente ya no se usa “cultura” en sentido directo, pues se prefiere el término: cultivo. 
2. Las supersticiones, tradiciones, costumbres, el esoterismo, los mitos, son parte de la cultura en sentido figurado-objetivo, al ser prácticas y manifestaciones propias de los seres humanos, no de la naturaleza en sí. Cuando se hace referencia al sentido figurado-subjetivo del término, una superstición arraigada en un individuo difícilmente ejercitará su intelecto o demás capacidades; de hacerlo, ha de considerarse como un hecho cultural (subjetivo) dentro del entorno cultural (objetivo) en el que vive y se desarrolla. Como tema o materia de estudio, las supersticiones (y el esoterismo y los mitos…) forman parte del bagaje cultural del hombre culto, sin necesidad de que éste las practique. 
3. Así como las anteriores, ciertos tipos de expresiones musicales, literarias, pseudo artísticas, pseudo intelectuales no son más que el producto de un grupo social, de una cultura (objetiva). Cualquier expresión cultural (vulgar, brutal, subcultural) debe ser respetada como un resultado de un acontecimiento o un fenómeno en un determinado lugar y tiempo. Por considerar un ejemplo: el reggaetón es parte de la cultura (objetiva) de ciertos grupos de personas, mas no tiene razón de ser dentro de la cultura en sentido subjetivo. Válido será decir que el reggaetón es cultura, si es que se entiende esto dentro del sentido figurado-objetivo del término; aunque tal vez sea más correcto decir: tal expresión musical es parte de una cultura. 
4. Respecto a la cultura en sentido figurado-objetivo, no se puede hablar de hombres cultos e incultos. Todos pertenecen a una determinada cultura o a un tipo de cultura. Mas, en sentido figurado-objetivo, el hombre culto es superior al inculto, porque éste no desarrolla capacidades y facultades que aquél sí. 
5. Las ciencias, la filosofía, las artes desarrollan las aptitudes de todo ser humano; el objetivo que se busca alcanzar es la conciencia crítica, la sensibilidad, y, sobre todo, la salud mental y corporal; para esto último es necesario considerar dentro de la cultura (subjetiva) la educación física. 
6. Todo ser humano ya es parte de una cultura mucho antes de que tenga uso de razón, pero para que llegue a ser culto, es necesario que siga un proceso de trabajo, ejercicio; desarrollándose en distintas materias, con esmero y disciplina. Esta condición se hace mucho más posible cuando el entorno en el que vive lo favorece. 
7. Aquél que se considere culto, en principio, deberá reconocer su ignorancia como un hecho inherente a la existencia. Su trabajo está enfocado, pues, a comprender y alcanzar aquellos conocimientos que son necesarios para vivir, y no a la consecución del poder por sobre quienes no poseen tales conocimientos.


Las conclusiones anteriores, las resumo en una sola:

Todos los hombres pertenecen a una cultura, pero no todos son cultos.

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