Sinfonía N°3 de Ludwing Van Beethoven en Cusco

La Sinfonía n° 3 de Beethoven, opus 55, en Mi bemol mayor, «Heroica», fue compuesta entre 1802 y 1804 este mismo año fue ejecutada por vez primera en la casa del príncipe Joseph Franz von Lobkowitz; estrenada al público vienés, en 1805, en el “Theater an der Wien” (donde se estrenó también la Sinfonía n° 2 de Beethoven, y, posteriormente, su ópera “Fidelio”, su Concierto para violín, y el extraordinario programa con la Sinfonía n° 5 y n°6, la “Fantasía Coral” y el Concierto para piano n°4); y en 1806 se publicó con el título «Sinfonía heroica, compuesta para festejar el recuerdo de un gran hombre».

Veintitrés años después de su estreno en Viena, fue ejecutada en París por la Sociedad de Conciertos del Conservatorio (1828).

Más de dos siglos han tenido que pasar para que las notas de esta histórica sinfonía sean escuchadas, por vez primera, interpretadas en un Concierto de Gala por una orquesta sinfónica decidida, en nuestra ciudad del Cusco. ¿Somos conscientes del valor de este hecho?

La sinfonía que se ha ejecutado –íntegra– el viernes 12 del corriente (el Templo de San Blas es testigo), no es una más de las tantas que se han compuesto; se trata de una obra que marcó el inicio de una nueva época en la Historia, un hito que cambió el pensamiento de la música occidental, revolucionando la concepción de «sinfonía», y que influenció en los compositores posteriores, quienes crearían sus propias sinfonías a la sombra de ésta, la “Heroica”, la 3ra Sinfonía de Ludwig van Beethoven.

Esta composición fue para la música del Romanticismo, lo que el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau fue para la filosofía romántica. Ambas expresiones (la de la música y la de la filosofía) fueron piedra angular del último movimiento ideológico y artístico homogéneo de la historia de la humanidad: el Romanticismo del siglo XIX. Su trascendental valor, a la fecha, habla por sí solo: ha sobrevivido al paso inexorable del tiempo, las diversas tendencias del siglo XX, la moda, los populismos, y es vigente hoy, como lo fue hace doscientos años.

Sin ir muy lejos, Matteo Pagliari, ex director de la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú, que interpretó en el 2010 (Lima, 16 de mayo) esta misma obra dijo: «Estoy convencido de que Beethoven es el compositor más importante de todos. Su música muestra una evolución en el tiempo de la cual ningún otro compositor ha sido capaz. Para una orquesta sinfónica, las sinfonías de Beethoven tienen que ser el "pan de cada día"».

Sin embargo, tal vez no sea un error decir que esta gloriosa sinfonía ha llegado demasiado tarde a nuestra sociedad. Y si esta opinión me es permitida, entonces me atrevería a decir también que, Cusco, Patrimonio de la Humanidad, no ha conocido ni ha apreciado la música Clásica cuando debió conocerla y apreciarla, y cuando ésta se «difundió» (últimamente gracias a la labor desempeñada por su Orquesta Sinfónica, creada el 2009) ya el interés de los cusqueños no estaba para expresiones artísticas y culturales de Europa del siglo XVIII. Esto se hace evidente en el desinterés de la inmensa mayoría por los trabajos de la OSC y en la falta de apreciación del público que se hace presente en los eventos de esta índole. Uno tiene la sensación de que apenas estamos comenzando un proceso de culturización de nuestra sociedad y, por ende, no puede exigirse mucho (ni a artistas ni a espectadores).

Ante esto la propuesta es: informar con antelación de las obras que la OSC ha de presentar (más aún si son estrenos), y no sólo en programas que se reparten la noche misma de la función (y que muchos asistentes prefieren hojear en vez de dedicarle la atención debida a la música), sino, días antes, y empleando los medios de comunicación (sobre todo aquellos que se hacen llamar difusores de la cultura) para despertar el interés de los cusqueños. Más que informar, reitero: despertar el interés y el ánimo. (A propósito de los programas, es evidente la falta de trabajo que se emplea para escribir el contenido de cada uno de ellos: se reconoce fragmentos enteros que los «redactores» copian y pegan de la página más obvia del internet: Wikipedia. Tal vez esto, superficialmente, cumpla con informar a los asistentes, pero dudo mucho que les despierte el interés y el ánimo.)

Puede que la propuesta sea ilusoria ante la realidad de nuestros medios de comunicación y la falta de iniciativa de las instituciones culturales, pero mientras no se trabaje decididamente por la educación cultural de los cusqueños, eventos como el suscitado el último viernes, pasarán siempre desapercibidos, no serán valorados como deberían serlo, y, en consecuencia, no se ejercerá una crítica sustancial y productiva.

Sin duda fue una decisión valiente y osada estrenar una obra que, en su tiempo, fue tildada de tediosa, larga e inacabable. La Tercera Sinfonía de Beethoven duplica el tiempo a las sinfonías clásicas. La mayoría de las que compuso Hyden o Mozart no exceden los cuarenta y cinco minutos. La Sinfonía Heroica supera este margen. Es revolucionaria por su proporción, por su estructura. Beethoven mismo dijo, tres años antes de componerla –según Czerny–, que no estaba contento con lo que había compuesto hasta entonces, estaba decidido a buscar un nuevo camino. En efecto, la obra marca una nueva etapa en el proceso de creación del compositor, que repercutiría en la historia misma del arte. Beethoven abre un nuevo camino. El contexto lo amerita: han pasado los días del terror de la Revolución Francesa de 1789; el mandato de Robespierre ha terminado en la guillotina; en medio del caos, un general de Córcega se abre paso transformando las derrotas externas e internas de la Francia antimonárquica en triunfos inauditos. Napoleón Bonaparte lleva la bandera de la Ilustración, la libertad, la igualdad y la revolución. Más de un intelectual expresó su admiración por el hombre que encarnaba los más altos ideales iluministas; Beethoven le dedica su Sinfonía n° 3. Pero en 1804, Bonaparte se corona así mismo como Emperador de Francia. La Revolución había luchado por destituir las monarquías y ahora estaba ante una nueva coronación. Beethoven se sintió como muchos, traicionado; borró la dedicatoria de su obra hasta desgarrar el papel, según se cuenta. La marcha triunfal, el segundo movimiento, sería cambiada por una fúnebre (cuando Beethoven se enteró de la muerte de Napoleón, dijo: «Yo ya escribí música para este triste hecho»). Dos años después, esta sinfonía llevaría el título de «Heroica».

Y aún lo sigue siendo: heroica y revolucionaria. Schubert, Schumann, Brahms, Liszt y Wagner serían decisivamente influenciados (hablando sólo del Romanticismo alemán).

Profundizando en estas breves consideraciones, el público podría mantener un interés mayor al momento de apreciar la «Heroica», y más aún sí, fuera del contexto histórico de la sinfonía y de su valor en las generaciones postreras, el público conociera su estructura interna, las innovaciones que Beethoven empleó, la orquestación, el inhabitual compás ternario de la sinfonía y los ritmos, y los acentos novedosos, las osadas tonalizaciones y los pasajes virtuosos.

Por lo anterior, tenemos que agradecer a la Orquesta Sinfónica del Cusco y a su director Theo Tupayachi Calderón, pues ellos cumplen hoy con la función, no sólo de difusores de la Cultura, sino también de educadores dePortada - Sinfonía N°3 de Ludwing Van Beethoven en Cuscol público cusqueño. El agradecimiento es también a la maestra Carlota Maestanza Revoredo por ser la directora encargada de la interpretación de esta obra y de su estreno en nuestra ciudad.

Muchas veces, la Sinfonía n° 3 de Beethoven ha sido ejecutada sin respetar sus repeticiones, para así no hacerla muy extensa. Creí que así sería en esta ocasión, mas la directora respetó las exigencias de la partitura, repitiendo, como se debe, la exposición del primer movimiento (allegro con brío), el que duró casi quince minutos: 155 compases de la exposición, 245 del desarrollo, 134 compases de la extensa reexposición (con un nuevo desarrollo interno). ¿Cuántos habrán disfrutado las disonancias de la trompa que ejecuta el motivo principal cuatro compases antes de la verdadera reexposición?

Aún sobraban las fuerzas para ejecutar el expresivo y álgido segundo movimiento (marcha fúnebre, adagio assai) en Do menor. Se escucha con parsimonia quejumbrosa la cólera contenida de una pérdida irreparable. Los contrabajos se separan de los violonchelos. Un Do mayor, en la sección central. En el clímax, una trompeta con aires militares.

No dudaría en afirmar que la «Heroica» fue de las sinfonías que más exigió a los integrantes de la Orquesta Sinfónica del Cusco. El tercer movimiento es un scherzo. Se retoma el compás ternario y la tonalidad original. Tres trompas ejecutan el tema característico.

En el cuarto movimiento (allegro molto) las Variaciones opus 35 son superadas en ambición. Se emplea un compás binario. Las variaciones se confunden con el contrapunto y las texturas homofónicas complejas, con ritmos osados. Es un movimiento apoteósico que exige gran virtuosismo.

La empresa llevada a cabo por nuestra Orquesta Sinfónica era difícil y magna. Más allá de los problemas, errores, desaciertos, inseguridades, la sola realización es un mérito que convoca nuestra más sincera y reiterada gratitud. Quien escribe estas líneas –al igual que muchos de los que asistieron a este Concierto de Gala– era consciente de que no estaba ante la Filarmónica de Berlín ni ante la interpretación de Karajan; con todas sus limitaciones, ha sido el trabajo de nuestra OSC. Debo decir que fue emotivo –y un privilegio de hecho– estar a un metro del estrado escuchando las sagradas notas compuestas por Ludwig van Beethoven.
Per Se
17.7.13.

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